sábado, 4 de marzo de 2017

Crónica – Mi graduación de bachiller

Todo comenzó la mañana del día viernes 9 de Julio de 2015; recuerdo perfectamente que ese día me levanté de mi cama con gran ilusión por todo lo que tenía planeado hacer, era el día que tanto había esperado. Yo anhelaba que el sol brillara tanto como los ojos de todos los que nos íbamos a graduar, pues fueron tres años en los que vivimos muchas experiencias en el Centro de Estudios de Bachillerato, plantel ubicado en mi bello pueblo, Ciudad Serdán, Puebla.

Lo primero que hice luego de levantarme de mi cama, fue darme una ducha para luego ponerme mi uniforme escolar favorito que estaba muy bien lavado y planchado. También me peine, desayuné un rico plato de cereal con leche y un gelatina de chocolate, me cepillé los dientes, y finalmente me puse mis zapatos nuevos que tenía preparados desde un par de semanas anteriores.

A las 8:00 de la mañana ya me encontraba listo y un poco nervioso con mi familia, maestros y amigos para celebrar la ceremonia religiosa, misma en la que tuve la fortuna de poder cantar el salmo. Al finalizar la misa, a todos llenos de alegría nos empezaron a tomar fotografías con nuestros mejores e incondicionales amigos, maestros y desde luego, con nuestra familia.

Siendo las 10:00 am ya estábamos todos en el salón de eventos en el que se llevaría a cabo nuestra ceremonia de graduación. Yo estaba muy emocionado, pero también conmovido porque sabía que ese día era en el terminaría una etapa de mi vida, pero que también iniciaría otra que en ese momento era totalmente incierta.

La parte social de la graduación que, continuó luego de la parte cívica, empezó por la entrega de documentos a mi querido grupo 601, uno a uno fuimos pasando con el presídium a recoger nuestros papeles que avalaban que habíamos concluido nuestra formación media superior. Cuando yo pasé al frente, siendo el penúltimo en pasar, todos mis amigos de grupo, familia e incluso los compañeros de generación de los otros cuatro grupos, aplaudieron y gritaron porras cuando mencionaron mi nombre, fue una experiencia que me llenó de emoción, pues hasta la encargada de conducir el evento, dijo que llevaba mucha porra que me apoyara.

A largo de todo el evento vivimos momentos que nos traían muchos recuerdos a nuestras mentes, hubo la participación del mariachi de la escuela, palabras por docentes y entonces, llegó uno de los momentos que tanto esperaba, pues con este me demostraba y demostraba con cariño a todos mis seres queridos que había logrado una meta más en mi vida; el conductor del evento inició este momento diciendo un fragmento del poema La gente que me gusta del escritor uruguayo Mario Benedetti: “Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace”, el momento era la entrega de reconocimientos a alumnos destacados y, entonces a mí me nombraron como el alumno con el mejor promedio de la generación 2012 – 2015, pues mi promedio fue 9.97; fue en ese momento cuando vi que cada uno de mis esfuerzos se veía bien reflejado y que todo lo vivido me encaminó a vivir ese momento, todos aplaudían y gritaban, mientras yo estaba temblando de la emoción.

La ceremonia estaba llegando a su fin, todos estábamos muy conmovidos y ya no sabíamos qué más nos esperaba, fue entonces cuando se bajó una enorme pantalla y empezó a correr un vídeo especial que prepararon para nosotros, este estaba lleno de fotografías de diferentes momentos que pasamos durante nuestra formación, y que las acompañaban canciones muy enternecedoras y que sin duda, hicieron que nuestros ojos se llenaran de lágrimas.

Y cuando ya estaba a punto de llorar por tantas emociones, en el presídium dijeron: Pedimos la presencia del alumno que dará las palabras de despedida, Kevin Vázquez, es decir, era mi turno dar las gracias y despedirme de mi querido bachiller, a nombre de cada uno de mis compañeros de generación. Subí y vi que todo el salón estaba repleto de personas, el rostro de varios compañeros y docentes, me llené de emoción e inicié mi discurso con la siguiente frase: “Aun cuando la vida te ponga obstáculos, tu objetivo siempre debe ser, vencerlos, levantar la cabeza y seguir adelante”, cuando terminé de dar las palabras todos aplaudieron y no faltaron las lágrimas en varios amigos.
Una vez que llegué a mi lugar, sonó la canción La golondrina del compositor mexicano Narciso Serradell, esa canción que no a cuantos de nosotros nos ha hecho llorar. Todos nos levantamos de nuestros asientos al escuchar la canción, nos abrazamos, sin impedimento salieron nuestras lágrimas y unos a otros nos deseábamos lo mejor.


Cuando terminamos de desahogarnos, continuaron las fotografías con amigos y con la familia. Salimos del salón del evento a las 2:00 de la tarde, simplemente llenos de satisfacción, con una gran sonrisa y una inmensa felicidad que nos embargaba.



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